Empatía en el aula

¿Qué es la Empatía?

¿En cuántas ocasiones hemos estado preocupados o apenados por algo, y nos hemos encontrado con un amigo, familiar o compañero que tan solo con una mirada, un gesto o una palabra acertada, ha hecho que nos sintamos mejor? En este caso, la práctica de la empatía por esa persona fue lo que contribuyó a nuestra mejoría.

La empatía es una forma de conectarse con otras personas que les muestra que comprendemos que están experimentando algo significativo, aunque es posible que no entendamos exactamente cómo se sienten. En otras palabras, la empatía se trata de encontrar una manera de estar presente y poder decir: “Quiero entender cómo te sientes y hacerte saber que no estás solo”.

En un artículo anterior en esta sección de noticias, indicábamos que es uno de los pilares sobre los que se sustenta la Inteligencia Emocional.

Trabajar a diario con niños y especialmente, con adolescentes, puede llegar a ser agotador, además de generar infinidad de situaciones en las que poner a prueba tu control emocional.

Por ello, esta poderosa herramienta puede ayudar a comprender mejor qué está impulsando el comportamiento de tus estudiantes y encontrar mejores estrategias para prestarles apoyo. También puede ayudar a conectar y trabajar juntos en momentos difíciles.

¿Qué no es Empatía?

Ten en cuenta que la empatía no es lo mismo que la simpatía. La simpatía guarda una mayor relación con la expresión subjetiva de sentimientos y pensamientos, mientras que la empatía busca la comprensión objetiva del mundo interno del otro. Por lo tanto, la simpatía implicaría situaciones como el coincidir y compartir los gustos o valores de la otra persona, por ello simpatizamos fácilmente con amigos y con aquellos con quienes compartimos algo en la vida, y así, nos resulta también más sencillo eso de “ponernos en su lugar”                                                                          

Y todo esto cambia y dificulta la empatía cuando nos encontramos frente a una persona con la que tenemos pocas cosas en común…

Ser empático no significa bajar tus expectativas. Puedes tener empatía por los estudiantes, al mismo tiempo que mantienes altos estándares. En los momentos en que se conecta con los jovenes con empatía, se puede reforzar enormemente su creencia en su capacidad para tener éxito.                           

Una cosa es comprender la importancia y los componentes de la empatía. Otra cosa es responder con empatía, especialmente en momentos estresantes.

Para ser empático, date permiso para reconocer tus propias emociones. Es natural sentirse frustrado o molesto en ocasiones y con determinadas edades. Lo que está pasando con tus estudiantes también tiene un impacto emocional en tu persona. Es posible que debas tomarse un minuto para respirar profundamente antes de hablar con el alumno.

Cuando estés listo y puedas ser empático en momentos estresantes, muestra que estás tratando de superar tus propios sentimientos. Estás modelando a ese joven para practicar el autocontrol y sintonizar con los sentimientos de otras personas

No siempre es fácil responder al comportamiento de los alumnos con empatía. Pero cuando les demuestras que entiendes y respetas sus necesidades, creas confianza y una poderosa relación mutua.

Puedes usar estos consejos para empezar practicar la empatía. Estas recomendaciones se pueden fácilmente adaptar al entorno familiar, para aplicarlas por los padres:

1-Haz preguntas abiertas:

No asumas que ya sabes cómo se siente un estudiante. Es importante estar atento a las señales no verbales, para comprender cómo se pueden sentir, pero es igualmente importante preguntarles directamente. Cuando haces preguntas abiertas, pueden compartir lo que piensan sin que perciban que ya has evaluado por anticipado la situación. Por ejemplo, preguntando “¿Qué es lo que hoy que ha sido más difícil o duro para ti?” invita a más conversación que “Parece que estás teniendo un mal día. ¿Es eso así?” Las preguntas abiertas pueden ser complicadas para los estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje basadas en el lenguaje. Para apoyar estas conversaciones, puedes ofrecer opciones diciendo: “Me di cuenta de que tenías la cabeza baja en clase hoy. ¿Estás frustrado, enojado o nervioso por algo? Para seguidamente pasar a explorar conjuntamente el asunto en cuestión.

2-Sigue la “Regla de platino”, y no la “Regla de oro”:

Probablemente estés familiarizado con la regla de oro, nos la han repetido desde niños hasta la saciedad: trata a los demás de la misma forma en que deseas ser tratado…Pero la empatía se basa en la regla del platino: trata a los demás de la manera que quieran y necesitan ser tratados. Este enfoque se centra en comprender lo que los estudiantes necesitan de ti, en lugar de lo que tú crees que necesitan.

3-Deja a un lado tu propia reacción:  

Responder con empatía significa dejar que las reacciones de los jóvenes sean lo primero. No tienes que enterrar tus propios sentimientos, estar de acuerdo o aceptar su comportamiento. Pero trata de concentrarte en escuchar a los alumnos y ver la situación a través de sus ojos.

4-Escucha activamente lo que dicen los alumnos: 

La empatía requiere una escucha activa. Eso significa prestar toda tu atención y escuchar tanto las palabras como su tono de voz y su lenguaje corporal. Cuando uses la escucha activa, piensa y repite en sus propias palabras lo que crees haber escuchado y entendido. Luego puedes confirmar preguntando: “¿Es eso lo que me estás diciendo?” Esa simple pregunta brinda a los estudiantes una oportunidad para corregir cualquier malentendido y muestra respeto por sus sentimientos y su perspectiva.

5- Presta más atención a las emociones que a la situación:

Ten en cuenta que los mismos hechos pueden afectar de forma diferente a cada persona. Algo que es casi intrascendente para un joven, puede ocasionar un derrumbe emocional en otro. Por eso, cuando se trata de desarrollar la empatía, lo importante no es saber qué haría uno mismo en una determinada situación: lo que cuenta es tener la habilidad de imaginar y comprender cómo vive esa situación la otra persona (en función de su experiencia vital, del contexto que la rodea, etc.) y de qué manera resulta afectada emocionalmente. Y para ello la mejor estrategia es preguntar cómo se siente o como se sintió el alumno, para comprender el grado en el que pudiese estar afectado a nivel emocional, a la vez que como persona, percibirá un interés genuino por su situación.

6-Valida sentimientos:

Puedes decir a los estudiantes que tienen derecho a sentirse como se sienten. Es posible que no estés de acuerdo con sus elecciones o incluso que pienses que están exagerando. Pero es importante reconocer que la forma en que se sienten es real para ellos. Puedes decir: “Tus sentimientos no son correctos o incorrectos” como una forma de mostrar respeto por cómo se sienten.

7-No te precipites e intentes “arreglarlo”:

Como profesor, estas tan acostumbrados a arreglar las cosas, que inmediatamente quieres intentar encontrar soluciones. Tu instinto te lleva con frecuencia a contener la situación y encontrar una solución rápida. Eso puede ayudar a corto plazo. Pero no generará confianza en el largo plazo a los estudiantes. Y no ayudará a los jóvenes a aprender y a tratar de resolver los problemas por su cuenta.

En ocasiones será preciso hacer un mínimo de autorreflexión: ¿qué más necesito para aprender y comprender mejor cómo reacciono en ese momento? ¿Qué más necesito conocer sobre cómo me comunico con los demás cuando los escucho, a pesar de que estoy experimentando mis propias emociones?

A veces, es más útil simplemente escuchar y comprender lo que está mal. Es posible que los alumnos ni siquiera quieran que solucione el problema y tan solo quieran que se les escuche. Una vez que comprendas el asunto, puedes hablar con el joven sobre las posibles soluciones y qué apoyo puede (o no) querer de ti.

Al usar estas técnicas, mostrarás a los estudiantes que deseas comprenderlos mejor y valorarlos como individuos. Dicho esto, es posible que algunos de estos alumnos no sientan que los entienden porque otros adultos han reaccionado a sus comportamientos o desafíos sin empatía en el pasado, por lo que habrá que seguir perseverando…

Sentirse comprendido y apoyado es especialmente importante para los jóvenes. Les ayuda a mantenerse motivados, aumenta la autoconciencia, los alienta a abogar por sí mismos y a desplegar su potencial creativo. Sintonizar con sus emociones muestra que los entiendes y los aceptas.

2 ideas en “Empatía en el aula

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