INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL PROFESORADO

A medida que la vida avanza, nos damos cuenta que una cosa es enseñar y otra muy diferente, dejar huella en el alumnado. Todos podemos tener recuerdos de nuestra época de estudiantes (más o menos reciente), pero de la misma forma, guardamos un especial recuerdo de aquellos profesionales de la enseñanza que nos comunicaron valores de una manera distinta.

Esa diferencia puede sin duda marcarla la inteligencia emocional, en una época clave donde no sólo vamos adquiriendo conocimiento, sino también a manejar nuestras emociones. Así, los profesores con inteligencia emocional van a llevar a cabo actividades de estimulación afectiva, expresión regulada de sentimientos positivos y negativos y de creación de ambientes que estimulen el desarrollo de capacidades socio-emocionales y de solución de conflictos interpersonales.

Poco a poco nos van sumergiendo en un mundo de estrategias emocionales, donde es tan importante saber identificar nuestras emociones como saber regularlas. Fuera del cobijo de sus hogares, los estudiantes van enfrentándose a diversas experiencias y es fundamental la labor de los profesores a la hora de fomentar las habilidades empáticas.

Los niños van a descubrir la diversidad emocional, van a tener una mayor percepción y comprensión de los sentimientos propios y ajenos, van a entender cómo se pasa de una emoción a otra y van a ser conscientes de la posibilidad de sentir emociones contrapuestas.

Si bien es claro que se educa en casa y se aprende en el colegio, los profesores desempeñan una labor fundamental a la hora de aplicar la inteligencia emocional y enseñarles a solucionar problemas de una manera óptima que fomente la reflexión y no la evitación. El caminar de los estudiantes se convierte en un permanente aprendizaje de cómo regular sus situaciones de frustración empatizando con los demás.

No se puede evolucionar sin trabajar las emociones, tanto las propias, como las ajenas, desde pequeños hasta etapas educativas más avanzadas, tanto en casa como en el centro educativo, pero sin duda, el profesor, es parte de ese sistema de modelos que van configurando la personalidad del alumno.

Carmen García De Leaniz, directora del Experto Universitario en Inteligencia Emocional de la UNIR, expone la existencia de cinco pasos importantes que debemos observar a la hora de resolver conflictos que puedan ocurrir en el aula, pero también, en nuestra propia vida:

1. Aprender a calmarse: les permitirá pensar con más claridad, y a no decir o hacer cosas de las que se puedan arrepentir.

2. Ayudarles a reflexionar: sobre lo que les ha molestado y pensar cómo se puede explicar a la otra persona involucrada para buscar una solución. Esto supone introspección, autoconocimiento y autocontrol.

3. Aprender a dialogar: de forma que no se dañe a los demás, sabiendo expresar las ideas y los sentimientos de forma constructiva y controlada.

4. Mostrar empatía y capacidad de escuchar: Al igual que es importante saber hablar, también lo es saber escuchar, poder ponerse en lugar del otro y comprender su punto de vista, aunque no se comparta.

5. Aprender a buscar por ellos mismos soluciones: acuerdos y compromisos en una búsqueda final de autonomía para resolver conflictos sin nuestra ayuda.

Según los profesores Pablo Fernández-Berrocal y Natalio Extremera en su artículo: “La importancia de desarrollar la inteligencia emocional en el profesorado”, exponen que “Una de las razones por la que el docente debería poseer ciertas habilidades emocionales tiene un marcado cariz altruista y una finalidad claramente educativa. Para que el alumno aprenda y desarrolle las habilidades emocionales y afectivas relacionadas con el uso inteligente de sus emociones necesita de un “educador emocional”. El alumno pasa en las aulas gran parte de su infancia y adolescencia, periodos en los que se produce principalmente el desarrollo emocional del niño, de forma que el entorno escolar se configura como un espacio privilegiado de socialización emocional y el profesor/tutor se convierte en su referente más importante en cuanto actitudes, comportamientos, emociones y sentimientos”.

Modelos de inteligencia emocional como los propuestos por Mayer y Salovey (1997), nos introducen en una serie de habilidades básicas tales como la percepción, la asimilación, la comprensión y la regulación emocional.

Al desarrollar esas habilidades básicas, estaríamos ya dispuestos para ir creciendo en competencias más complejas que aparecen reflejadas en muchos programas transversales de prevención de consumo de drogas, de educación sexual, formación moral y cívica, etc.

 Como bien explican Berrocal y Extremera, “las habilidades de inteligencia emocional ejercen efectos beneficiosos para el profesorado a nivel preventivo. Es decir, la capacidad para razonar sobre nuestras emociones, percibirlas y comprenderlas, como habilidad intrínseca del ser humano, implica, en último término, el desarrollo de procesos de regulación emocional que ayudarían a moderar y prevenir los efectos negativos del estrés docente a los que los profesores están expuestos diariamente”.

De este modo, los docentes emocionalmente más inteligentes, es decir, aquellos con una mayor capacidad para percibir, comprender y regular las emociones propias y la de los demás, tendrán los recursos necesarios para afrontar mejor los eventos estresantes de tipo laboral y manejar más adecuadamente las respuestas emocionales negativas que frecuentemente surgen en las interacciones que mantienen con los compañeros de trabajo, los padres y los propios alumnos.

BIBLIORAFÍA:

EXTREMERA N. y FERNÁNDEZ-BERROCAL, P (2002). Educando emociones: La educación de la inteligencia emocional en la escuela y la familia. En P. Fernández-Berrocal y N. Ramos Díaz (Eds). Corazones Inteligentes (pp. 353-375). Barcelona: Kairos.

EXTREMERA, N. y FERNÁNDEZ-BERROCAL, P. (2003a). La inteligencia emocional: Métodos de evaluación en el aula. Revista Iberoamericana de Educación, 30, 1-12.

EXTREMERA, N., y FERNÁNDEZ -BERROCAL, P. (2003b). La inteligencia emocional en el contexto educativo: hallazgos científicos de sus efectos en el aula. Revista de Educación, 332, 97-116.

TATAR, M., y HORENCZYK, G. (2003). Diversity-related burnout among teachers. Teaching and Teacher Education, 19, 397-408.

2 ideas en “INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL PROFESORADO

  1. Horacio Oviedo Responder

    Estimado profesor, esto es en tema sumamente interesante que siempre me he preguntado, como puede un profesor entregar lo que no tiene?? como puede un profesor entregar lo que no puede dominar, por ejemplo: En uno de las interacciones que hemos tenido con algunos profesores uno de ellos ha mencionado algo que lo tengo dando vueltas en mi cabeza desde entonces: ¨Los profesores somos el gremio que peor gana y el que esta mas endeudado¨ allí me surgió la interrogante entonces; Como es posible siendo eso cierto y en cierto grado generalizado, que los profesores puedan estar presentes, aquí y ahora, teniendo quizás esas imágenes recurrentes en sus corazones y luego en sus cabezas, por lo que se pierden muchas veces de momentos importantes para sus alumnos y difícilmente logren dar ese efectivo coaching emocional a sus estudiantes, y aquí también me nace la otra inquietud, lo prudente que seria que profesores y alumnos por igual recibieran un entrenamiento semanal o diario, de sus emociones, algo así como un gimnasio emocional, entrenar el corazón pues se dice que al formarnos como seres humanos, lo primero que se forma es el corazón, no el cerebro,algo que me gustaria que nos pueda ayudar a comprender mejor

  2. Ismael Dorado Responder

    Estimado Horacio. Si hay algo que nunca se pierde por parte del profesor, es el placer de seguir aprendiendo. Es fundamental ese entrenamiento que menciona pues, en ocasiones, es cierto que los avatares y complicaciones de una profesión complicada pueden esturbiar esa vocación de hacer crecer a nuestros alumnos. Trabajar en nuestras emociones es trabajar en las emociones de nuestros alumnos y ante nosotros, se abre todo un horizonte cada vez más claro. Muchísimas gracias por sus palabras.

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